El pasado 3 de enero, una avería en el Centro de Control Aéreo de Canarias, dejó sin suministro eléctrico a los ocho aeropuertos que dependen de este centro, a las 11:30 de la mañana. La magnitud de la avería obligó a suspender inmediatamente las operaciones de aterrizaje y despegue, afectando a todas las conexiones aéreas y vuelos con destino a Sudamérica, que ocupan el espacio aéreo de Canarias. Además, en el momento de la avería, cuarenta y tres vuelos estaban pendientes de despegar de los aeropuertos canarios: cinco de Fuerteventura, cinco de Tenerife norte, diez de Lanzarote, once de Gran Canaria, otros once de Tenerife y uno más en La Palma. La Gomera y El Hierro eran los únicos que no tenían previstos aterrizajes o despegues en aquellos momentos.
El fallo se produjo sin previo aviso, todos los aeropuertos operaban con absoluta normalidad antes de la incidencia.
AENA informaba de la avería, y aunque desconocía su causa en aquellos instantes, trasladaba a lo usuarios la intención de volver a la normalidad lo antes posible. El sindicato USCA, informó después como se puso de inmediato el Plan de Contingencia previsto en el Centro de Control de Canarias, y como éste se aplicó con toda normalidad y sin riesgos: tras producirse el fallo eléctrico, los controladores fueron trasladados a la Sala de Contingencias, lo que en terminología de contingencias se conoce como un “centro de respaldo caliente”, y que consiste en unas instalaciones desde las que se puede tomar la operativa y control de la dañada o averiada en cuestión de minutos.
Desde las 11:30 a las 11:52, el suministro eléctrico permaneció cortado, y según informa AENA, se disponían a activar el equipo de emergencia cuando la avería fue resuelta de forma que no fue necesario esta siguiente actuación. Los controladores comenzaron a gestionar las operaciones pendientes, y con una regulación del tráfico aéreo que daba salida con más celeridad a los vuelos, trataban de reducir las demoras y volver a una situación de normalidad en éstos. Tenerife y Gran Canaria fueron los aeropuertos con mayor actividad en estos momentos. AENA informaba a los usuarios y recomendaba consultar las nuevas horas de salida y llegada estimadas. Los controladores, además de encontrarse con la necesidad de gestionar más tráfico, tenían que contactar con las torres de control por vía telefónica desde la sala alternativa. A los veintitrés del turno se incorporaron otros seis voluntarios con los que consiguieron minimizar en gran medida el impacto del retraso.
A las 15:00 los vuelos que salían desde Barajas hacia el archipiélago, apenas registraban retrasos de media hora, y los de llegada a Madrid acumulaban un retraso por térmno medio de una hora. No obstante, los controladores continuaron en la sala de contingencias hasta las 20:00 de la tarde, en la que se volvió a abrir el Centro de Control que había quedado inutilizado por la mañana.
No se trata aquí de valorar el Plan o la gestión de la crisis, ni mucho menos de los motivos que la originaron, labor que sin duda requerirá de mucha más información. Pero sí cabe resaltar que el éxito con el que se soluciona una crisis de este tipo se debe a la efectividad del Plan de Contingencia, y en especial hacer hincapié en un punto en particular: el retorno a la situación de normalidad es también crítico en cualquier crisis. Quién, cómo, y cuándo se toma la decisión de volver a las instalaciones primarias, bajo que hipótesis o supuestos, en qué condiciones y cómo se retoma la situación normal no son temas triviales.
En la empresa, al igual que en este caso, las operaciones que se hayan realizado en el Centro de Respaldo, deben trasladarse e incorporarse a la situación normal y a los procesos de funcionamiento normal, y este regreso deberá igualmente estar planificado de antemano.
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