Ignacio Prieto

Brasil y la enfermedad holandesa

lunes, 23 de mayo de 2011

La exportación de productos del sector primario, absorbe recursos de otros sectores frenando la industrialización, aumentando los precios y salarios y revalorizando la moneda local lo que fomenta las importaciones y cierra un círculo vicioso que impide el correcto desarrollo del país.

A principios de los años 70, las exportaciones de gas natural de Holanda provocaron importantes excedentes en la balanza comercial del país con la consiguiente revalorización de la corona.
Desde entonces, a este efecto se le conoce como la enfermedad holandesa.

Hoy asistimos a un repunte en los precios de las materias primas debido a la fuerte demanda que proviene de las economías emergentes.

Brasil es uno de los países más beneficiados por este aumento de demanda. País rico donde los haya en recursos naturales, Brasil se enfrenta a una ingente entrada de capitales ávidos por tomar posiciones en el sector extractivo.
El resultado es un elevado índice inflacionario derivado de un crecimiento constante del consumo interno. Los brasileños ven como los rendimiento de su trabajo crecieron en marzo de este año al 6.7%.

El crecimiento del PIB brasileño se ha acelerado en los tres primeros meses del año en relación con el último trimestre de 2010 y la proyección para 2011 lo sitúa en el 4.5% (en el entorno que el gobierno quiere mantener) pero para ello será necesario reducir el ritmo del 1.3% registrado en el primer trimestre.
La inflación se está situando alrededor del 7% anual, lejos del 4.5% que planeaba el gobierno.
Los brasileños (quizás las instituciones financieras primero), han descubierto el crédito al consumo. Para un banco, es mucho más rentable – y tiene menos riesgo – dedicar el dinero a prestar al consumidor que a la industria. Las ventas del comercio crecen a un ritmo del 10% anual y el crédito inmobiliario va a crecer un 25% de acuerdo con el Presidente da Caixa Económica Federal.

Los altos impuestos no desincentivan la compra. Una moto de 125cc – la más popular en un país con un parque de motocicletas gigantesco, solo el estado de Sao Paulo tiene más motocicletas que toda España – cuesta alrededor de BRL 8.000.- (unos 3.600 euros), lo que representa aproximadamente entre 8 y 10 salarios mensuales de un trabajador de fabrica para poder adquirirla al contado.
Pero si la financia a 48 meses pagando una entrada, solamente paga unos BRL200 al mes que es lo mismo que le cuesta al autobús hasta su trabajo.

Y así multitud de productos que están siendo financiados tanto por bancos como por los propios centros de distribución. Todo se compra a crédito. Hay dinero y sobre todo hay expectativas.

Esperemos que no se frustren por una inadecuada política industrial y mucho menos que el país intente poner parches levantando todavía más las ya altas barreras arancelarias.
Brasil necesita abrirse al mundo ahora que tiene capacidad de inversión, diversificar su base industrial, promover las exportaciones de manufacturas con marca propia y permeabilizar sus fronteras, única opción para que sus empresas alcancen el nivel necesario de competitividad en el mercado internacional.
Las posibilidades de desarrollo son enormes en un momento histórico desde el punto de vista económico para este país. Y para muestra la reciente adquisición por la siderúrgica brasileña CSN de cinco empresas del emblemático empresario español en Extremadura, Alfonso Gallardo.

Deje un comentario