He dejado pasar un tiempo para hablar sobre el asunto del Manifiesto, los internautas y los derechos de autor. Aunque creo que se ya se ha dicho casi todo voy a dejar aquí mis reflexiones.
Se enfrenta dos posturas: el legítimo derecho a ver retribuido su trabajo de los creadores contra el derecho de los internautas, y la gente en general, al acceso e intercambio de cultura. Y entre unos y otros encontramos a los representantes de la industria (basicamente la editorial y la de la música) que temen perder su modelo de negocio, su modo de vida. Pero quizás podríamos cambiar la discusión por esta: como conjugamos el derecho a ganarse la vida de unos con el inevitable e implacable avance de una tecnología que, entre otras cosas, facilita el intercambio de archivos digitales. En ese caso todo se reduciría a un problema de volumen.
Hace 25 años nos intercambiábamos cintas de casete entre 15 amigos. Ahora son archivos pero entre miles de personas. Antes nadie, o casi nadie, decía nada. Ahora sí. Y antes, de esos 15 amigos, 3 ó 4 (un 20-25%) acababan comprándose el LP de un grupo que de otro modo no hubiéramos sabido ni que existía. Ahora lo pueden conocer miles de personas. ¿No es eso una oportunidad para muchos creadores? Y es una oportunidad doble: más mercado y más difusión de tu trabajo.
Porque no nos engañemos, “piratas” habrá siempre. Y el que no quiere pagar por algo no paga y listo. Pero contra eso está un mercado mucho más grande y, en la mayoría de casos, más barato de alcanzar que nunca. Y eso es lo que representa Internet.
Y por ello creo que el gran olvidado de toda esta discusión es el mercado, son los consumidores. ¿Alguien se ha parado a pensar que quieren los 26 millones de internautas? Podemos cambiar “que quieren” por “que podemos obtener de” y entonces ¿qué pasará cuando sean 35 millones de internautas? Para mí eso es falta de visión estratégica. Quizás si todos los actores focalizasen sus esfuerzos en retener ese 25% de posibles nuevos clientes y convertirlos en nuevos consumidores se acabaría el problema porque todo el mundo ganaría más y, tal vez, la cadena de valor no cambiaría tanto. Además ya se ha demostrado que muchos negocios en la red funcionan con la regla Freemium: el 10% pagan la fiesta.
Y os dejo, por el momendo, con dos citas:
“Y si crees que éste es un post sobre el negocio editorial, espero que lo vuelvas a leer y pienses en cómo lo digital va a cambiar tu industria también” Seth Godin dixit (podéis leer aquí una versión traducida).
Bigas Luna: “Pondría una alfombra roja a quienes se descargan mis películas. Yo sólo quiero que la gente las vea. Ir contra las personas que se las descargan es una hipocresía brutal”.
En el próximo post seguiremos con este tema pero centrándolo en la industria por dentro, su cadena de valor, estrategia y como está cambiando todo.
Si te gustó este post te recomiendo también: Los flojos datos del sector editorial Libre no significa gratis Mitos sobre el fin de la música (abc.es)




Buenas reflexiones.
Te dejo una conferencia de Mark Pesce, titulada “Piracy is good!”. Muy interesante
http://video.google.com/videoplay?docid=-1720068211869162779#
Un abrazo,
Jordi
Dice tantas cosas que no sé con cuales quedarme… pero me arriesgaré: Popularidad es una virtud y cada individuo es potencialmente un distribuidor global de contenido y ya lo decia hace 4 años.
Me lo guardo para la segunda parte del post.
Gracias por pasarte por aquí y por dejar tu comentario.
Social comments and analytics for this post…
This post was mentioned on Twitter by dsoler: Nuevo post: El Manifiesto, los derechos y el mercado (I) | Bridgedworld http://bit.ly/7IbWKX...
Hace mucho tiempo que tengo ganas de responder a este (estos) post, puesto que surgió, como bien dices, de una discusión que tuvimos en Facebook. Te agradezco muy sinceramente que me hayas citado, David, y dejo aquí el enlace de la discusión (tendréis que bajar hasta el día 17 de diciembre) para enriquecer el diálogo: http://bit.ly/5Yrpty.
Vamos por partes. Cuando hablas del derecho a ganarse la vida entiendo que hablas del derecho que tiene “la industria cultural” por ganarse la vida, puesto que muy pocos autores, a lo largo de la historia, se la han podido ganar con la escritura o la música (y lo digo así porque el autor no suele ser considerado parte de esa industria, si bien su labor es imprescindible en ella). Ello no justifica, sin embargo, que si hoy en día Internet abre mayores posibilidades a los beneficios por parte de los autores, ¿por qué no brindárselas? ¿De qué sirve continuar estancados si, dentro de unos años, lo que hoy entendemos como editorial se transformará en algo mucho más “simple”? Tendemos hacia un mundo en el que las editoriales van a volver a convertirse en editores, como en el siglo XVI (hace diez años ya hubo muchos recortes en puestos y cargos que las convirtieron en centros flexibles de coordinación de autónomos), y éstos serán reconocidos por la calidad de los contenidos que editen, por su línea editorial y por su capacidad de conectar con los usuarios o consumidores (llegar al público).
Y aquí el segundo punto: luchar contra el consumidor es como tirarse piedras contra la cabeza. Hasta que no se apliquen en editoriales y discográficas políticas de escucha activa más efectivas, el acercamiento al consumidor continuará siendo una falacia. Es cierto que todos intentan entrar en las redes sociales, pero la mayoría de páginas de editoriales dan pena: por un lado, parecen catálogos editoriales vacíos y faltos de comunicación y de respuestas -algo que denota prepotencia-; y, por el otro, la que supera los doscientos admiradores ya puede darse con un canto en la frente -y estoy convencido de que la mayoría de ellos son escritores que buscan reconocimento y difusión y, en consecuencia, tampoco son los consumidores que a una editorial interesan.
Me gusta tu reflexión porque no entiendo qué hace tan difícil pensar en el consumidor. ¿De quién vivimos todos, sino del consumidor final, que a su vez también somos todos? ¿Por qué no pienso yo en mi “cliente” como me gusta que piense en mí el que fabrica un ordenador, imprescindible en mi trabajo? (Y con “pensar en mí” quiero decir, en este caso, que entienda qué voy a necesitar para desempeñar bien mi labor diaria.) El consumidor vive alejado de nosotros porque todavía no hemos entendido que nosotros somos el propio consumidor; creemos que está fuera de nosotros y, como bien dices, David, perdemos la visión estratégica de la que podríamos aprovecharnos si dedicásemos un poco de tiempo a la reflexión.
En cuanto a la cuestión del pirateo, creo que es mucho más profunda que como la pintan los Gobiernos y los lobbies. Os dejo una discusión excelente de Facebook que surgió la semana pasada y en la que encontraréis muchas respuestas, tanto de un bando como de otro. Comentarios interesantísimos de Félix Maocho y Vicente Werner, a mi modo de ver la jugada: http://bit.ly/52tXoj. Creo que es importante reflexionar sobre todo ello y, especialmente, que acerquemos posturas para llegar a soluciones, que es lo que todos necesitamos y muy pocos buscamos.
Ah, y a propósito de Bigas Luna, leed este magnífico planteamiento de Vázquez-Figueroa (“Mis novelas gratis”) que descubrí la semana pasada (y fijaos en la fecha: ¡2007!): http://vazquezfigueroa.blog.com.
Gracias a tí Benet, por propiciar este tipo de discusiones, por servirme de inspiración en este tema, por pasarte por aquí y por comentar.
Tienes razón en lo de que hay autores que ni se ganan la vida con esto. Habría que diferenciar también entre ellos, seguro que unos tienen motivaciones distintas que otros.
Y sobre las Páginas de FB de algunas editoriales tienes toda la razón. La mayoría de empresas creen que abriendo una página en FB ya está todo hecho. Luego no pasa nada y entonces es cuando dicen “ves, ya lo sabía yo que esto no servía para nada”. El problema la mayoría de las veces es no querer dejarse asesorar por gente preparada en la materia.
Muchas gracias por los enlaces.
Un abrazo
Estimados David y Marcos, gracias por estos comentarios tan interesantes. Estoy absolutamente de acuerdo con los derechos tanto de autores como de consumidores a los que hace referencia David, pero está en la base de la pìramide analítica y resulta incuestionable. En cambio el desarrollo de los sectores competitivos de la industria cultural si que es elástico y por tanto está sujeto a fuerzas en competencia. Lo sucedido en la industria musical ha servido de llamada de atención y también de studio para los demás sectores implicados. A mi juicio lo sucedido en la industria musical tiene que ver con una distribución muy atomizada, con ausencia de grandes competidores globales y por tanto con dificultades de coordinación en la creación de un mayor valor añadido y una debilidad competitiva ante las amenazas. Pero este no es el caso de la industria editorial, en que la distribución es un elemento con alta fuerza competitiva en el sector y con altas posibilidades en la creación de valor añadido. Recientemente he podido ver ejemplos de esto en Los Angeles, donde los grandes distribuidores editoriales comercializan modelos de e-books propios que posiblitan la comercialización de obras editoriales con sinergias y alto valor añadido para el cliente. Creo que el sector editorial tiene los elementos para ajustar mejor su cadena de valor y adaptarse mejor a los cambios.
Enrique fantástico análisis. Seguro que lo que mencionas sobre la distribución pudo afectar, pero el problema básico fue no entender hacía donde se movían el consumidor y el modelo de negocio y el no calibrar las posibilidades de éxito real de las acciones que se emprendieron. Mírate las declaraciones del CEO de Warner http://www.microsiervos.com/archivo/musica/ceo-warner-reconoce-estaba-equivocados.html …. a toro pasado…
Gracias por pasarte por aquí y por comentar.
[...] -Según David Soler, Internet supone ya una gran oportunidad para muchos creadores. La Red «es una oportunidad doble: más mercado y más difusión de tu trabajo». Aunque no niega que «piratas habrá siempre», Soler sostiene la existencia de «un mercado mucho más grande y, en la mayoría de casos, más barato de alcanzar que nunca». Internet no es un único mercado, sino un conjunto de nichos ultrasegmentados [...]