Javier Represas

La Continuidad del Negocio en Empresas Familiares

¿Qué beneficio supone no abordar el problema?

Jueves, 25 de febrero de 2010

Si bien la temática de este artículo es tangencial con lo que entendemos por Continuidad de Negocio, las empresas familiares no dejan de tener una problemática que si no se plantea y aborda adecuadamente, puede no ser superada por la empresa.

El pasado 24 de febrero la Asociación de la Empresa Familiar de Alicante reunió organizó una jornada titulada “Empresas Familiares de tercera generación, ¿Primos o socios?”, a la que al parecer asistieron más de setenta personas interesadas en este tema.

Es evidente que el principal objetivo de los miembros de las empresas familiares es lograr la continuidad del negocio una vez se produce la sucesión del mismo.

Al llegar a la tercera generación, ya no se trata de los hermanos, que aún con todos los problemas que pueda suponer y los casos particulares, habitualmente han trabajado o conocen muy de cerca el negocio y mantienen entre ellos un vínculo familiar mucho más fuerte que el existente entre primos.

Los expertos que participaban en esta jornada incidían en la motivación, la implicación de los miembros de la familia, la renovación y la innovación, como herramientas para garantizar la continuidad del negocio. Según los datos aportados, tan sólo el 9% de las empresas españolas llegan a la tercera generación.

Los expertos de Consultoría de Empresa Familiar de Garrigues que desarrollaron la jornada señalaron que las empresas de tercera generación se deben enfrentar a tres grandes desafíos: lograr altos niveles de cohesión, poner en marcha un modelo de liderazgo y profesionalizar el gobierno de la misma.

No pretendo en este artículo entrar a debatir sobre la problemática ni las soluciones, globales o particulares de cada caso, en las que coincido de lleno con las apuntadas por la gente de Garrigues; lo que pretendo señalar es la necesidad de abordar la cuestión. Las empresas, y sus directivos, y en este caso propietarios, no pueden dejar al azar o en permanente suspense una situación problemática que con toda certeza llegará a producirse. Independientemente de la dificultad o no de la resolución, nadie puede albergar ninguna duda de que no abordar el problema no beneficiará en nada a la empresa. Si algún beneficio supone, es el de evitar posibles enfrentamientos en el seno familiar, que lamentablemente, si ese es el caso, se producirán con más virulencia cuando la empresa, y los puestos de trabajo, estén en peligro.

Ojalá se pudiera predecir con tanta antelación y certeza, tantos y tantos factores que amenazan la continuidad de un negocio.